Archivos para Febrero 2008

Cuestión de enfoques ó mi volubilidad

 

Copyrighted by JULIE LOEN

A manera de hacer tiempo durante el trabajo escribo estas líneas; es una noche que se avecina larga porque no hay mucho que hacer en la office (con perdón del anglicismo), no hay suficientes llamadas como para mantenerme despierto y ya el cansancio acumulado de 8 meses de ser vampiro comienza a afectarme mental y físicamente, veo como mi tono quejoso va aumentando en cada post escrito aquí y razono que de esta manera todo tendría un lado negro o nefasto, todo, incluso el simple holgazanear tomaría tintes de remordimiento si lo veo desde el ángulo malo ¡ja ja ja! Y así, como a cualquier actividad, lugar u objeto puede encontrársele su lado nefasto o negativo o ya de perdida molesto, así también puede cualquier persona sea quien sea incluso uno mismo volverse fastidioso con todo y sus virtudes (incluso cada virtud puede verse reducida rápidamente)

 

 Recuerdo cuando por primera vez me topé con Oslo, capital noruega; me pareció triste, fría, gris y hasta fea, con un dejo de angustia palpable en la tarde lluviosa en la que llegué; venía en tren desde Estocolmo en Suecia que nada tenía que ver con aquella imagen de Oslo (a la cual había idealizado excesivamente). Estocolmo es preciosa, quizás la más bella de las capitales escandinavas, sin temor a equivocarme también es una ciudad cosmopolita que mezcla perfectamente a lo que estamos acostumbrados acá en América y lo más clásico del estilo escandinavo europeo (puntas de iglesias de bronce oxidado con su característico color verde) muchos canales, puentes, el centro de la vieja ciudad Gamla Stan llena de restaurantes e historia, el metro, los autobuses y muchísimos autos suecos de renombre, bares y vida nocturna mucho más prolífica y además mucha gente en las calles. Su aeropuerto principal, situado en pleno bosque y como a cuarenta minutos de la ciudad en auto se llama Arlanda y en contraste con el de Oslo, es un aeropuerto pequeño y muy básico (aunque también en esta línea y para mi sorpresa lo fue Barajas, el de Madrid, que bien parece la Terminal Central de Autobuses del Sur de Tasqueña). Viniendo de esa imagen escandinava y después de un viaje entre bosques en tren ver Oslo tan “deprimida” me pareció muy triste pues yo esperaba “otra cosa” pero a eso iba, las imágenes mentales y las percepciones juegan un papel muy importante en como uno ve algo o a alguien. Para mi segunda visita a la capital noruega todo cambió, para empezar porque llegué en verano y hacía demasiado calor, la gente abarrotaba la calle Kart Johann que es la calle principal de la ciudad, las esporas surcaban el cielo dando un aspecto extraordinario y se sentía mucha felicidad al contemplar la ciudad, conocí otro aspecto de Oslo y en esa ocasión, como no esperaba nada de antemano, nada me defraudó. Creo que pasa lo mismo al apreciar cualquier cosa, lo mejor es llevarnos las sensaciones del momento y nada más, si se pretende estar en la onda “disfrutar de todo lo bueno que la vida pueda ofrecernos” que si bien es una frase hecha no deja de ser válida; pero ¿Qué con los que después de un rato le vemos lo malo a todo? La respuesta parece sencilla, simplemente lo cambiamos y así sucesivamente; a pesar de las quejas del vecino, amigos, familiares, novias, etc… en este mundo abierto podemos hacer grandes cambios incluso –y eso no me pasa aún— de nombre ¡ja ja ja! ¿Qué si un buen día amanezco convencido de no querer llamarme más como me llamo? Sobretodo yo, que tuve la fortuna de elegir mi propio nombre desde niño. 

Pero en fin, todo es cuestión de enfoques y estos van siempre en función del carácter del individuo; hay quienes aguantan la mitad de sus vidas en un mismo trabajo, con una misma persona, se llenan de hijos, buscan “estabilidad” cuando en realidad el humano es inestable por naturaleza. Y es que, con tantos mitos sociales la gente está bajo amenaza; o encuentran estabilidad o están fuera de los cánones sociales y bla, bla bla… habladuría. El punto es que en lo personal, no he limitado mis cambios a pesar de ser tachado de voluble, y no le veo lo malo a ello, en absoluto; quien quiera hablarme así como soy me hablará y quien no pues no lo hará, sencillo, y con cualquiera de las dos cosas nada sucederá pues ni yo soy importante ni ellos.

Pero bueno, ¿porqué salió todo esto? Mis escritos ahora andan medio nefastitos para algunos, viéndole lo negativo aún a mis propias actividades; pero de pronto podrían cambiar a lo contrario, es cuestión de enfoques porque, así como todo tiene un lado fastidioso también casi todo tiene un lado placentero y el discursito se anula a sí mismo. Más, hay cosas que de plano nunca tragaremos o compraremos eso sí no es negociable.

Beyond the black

Julie Loen

Me pregunto si habrá, en algún punto de la historia universal, un momento en el cual el ser humano haya dejado de vanagloriarse de su evolución, de su historia, dejado de admirarse por lo supuestamente logrado por sus predecesores, evitado su continuo elevamiento en una escala de valores diseñada por él mismo (¡qué cómodo!), suspendido la utilización de su “evolucionado” cerebro o siquiera dado lugar a una tregua intelectual en aras de darle un respiro al entorno ó, si de plano, todos estos “atributos” mentales vienen ya de manera ineludible dentro de un paquete de información dentro de algún hemisferio cerebral que nos fuerce a sentir admiración por los “logros” de nuestra monstruosidad (nunca el término mejor aplicado).

 De alguna manera u otra, todas las personas que conozco incluido yo, caemos en algo humano que compra (capta) nuestra atención y provoca que se desarrollen uno o varios fenómenos enfermizos: consumismo, admiración, identificación, o en una palabra enajenación. Más propensos a ello estamos los individuos sensibles a las artes que toda la vida nos pasamos categorizando, eligiendo y disfrutando. Dentro de todas estas patologías (permítome agrandar el término para abarcar todos estos comportamientos) bien pueden estar inmersas demasiadas que se consideran comportamientos normales dentro del sistema social: buscar pareja, admirar lo hecho por otros, (en muchos casos ante nuestra incapacidad de hacer lo propio), celebrar fechas impuestas, utilizar frases hechas como valores inescrutables, ejercer un tal “libre albedrío”, ser patriota, nacionalista ó chauvinista, querer destacar o siquiera pertenecer a un grupo social para identificarse con alguien y compartir nuestras insignificancias, admirar arte, dar importancia a la vida humana por sobre otras formas de vida, ser altruista, reproducirse, consumir el pan y circo de los deportes, asuntos políticos, religiosos, etc. El mundo está enfermo y nosotros al ejercer alguna de estas actividades contribuimos a acentuarle el problema ratificando nuestra nula capacidad analítica profunda e inclinación por nuestra condición natural de virus invasores y próximos agentes destructores del planeta (lo cual no supone ningún problema en realidad). Sólo la búsqueda del placer en lo efímero, a fin de cuentas, ¿Qué mas tenemos, pobres engendros?

 En lo personal, mis patologías humanas incluyen gusto por la NFL, la música de rock (nefastamente academizada en nuestros días), la fascinación por diversas culturas y países, y algo de lo más monstruoso: el aprendizaje de más lenguajes ¡como si no me fuera suficiente con el castellano que me fue inoculado sin poder defenderme! Ah bueno, y también algo potencialmente peligroso: la ineludible búsqueda de relacionarme con seres humanos del sexo opuesto, de las cuales soy admirador desde niño ¡qué original!

 La vida me ha mostrado el planeta en diversas ocasiones, una de ellas, en la lejanía con el fin del mundo frente a mí en medio de un clima gélido y el canto de las gaviotas a las tres de la mañana cubierto de neblina bajo el sol de medianoche, me dí cuenta qué tan atrapados vivimos todos y cada uno de nosotros dentro de nosotros mismos, incapaces de liberarnos del lenguaje humano, girando siempre en torno a él, nunca siquiera cuestionándolo; dándonos suma importancia diaria, planeando, ambicionando, conviviendo, expresando, necesitando, exigiendo, demostrando… lo descubrí allí en un momento de iluminación natural, sentí mis vellos erizados y me quedé en un profundo silencio mental. Al poco me deshice de mi antigua vida que estaba tornándose estresante, pero poco a poco el ciclo se repite, me metí en cosas que ya no solía hacer, adquirí nuevas angustias, para mi alivio de nuevo las he dejado pasar… Quizás el único punto en donde cesa el ciclo homocentrista es la muerte, primero individual, después de la raza, la extinción humana o la destrucción del planeta, el silencio, la ausencia, la soledad, lo que está ya más allá de lo negro.

Viviendo solamente por vivir, hablar por hablar con fulanito o menganito pareciera ser la única liberación; la pérdida de interés real en alcanzar metas o de siquiera pensar que en realidad vale la pena hacerlo, cuando ya se sabe que nada vale nada, son síntomas de estar alcanzando un punto sin retorno; o bien asimilas la suficiencia de lo sencillo y vives tranquilo, o bien el mundo y como son las cosas te pesan, te duelen y desmotivan, llevándote a la desesperación ante la incapacidad de cambiar a lo imposible; la poesía pudiese ser un escape, la música también, (a fin de cuentas, sin esa deseperación me rebajaría a hacer rock académico-técnico o una de esas abominaciones que buscan la perfección técnica en las artes y me alejaría de la intensidad de los pasajes sonoros del post-rock y atmósferas similares) pero sería como la válvula de escape ante un mundo que para nada te satisface, no por lo que tu puedas o no hacer a nivel personal (finalmente tu mundito puede ser felíz), sino por la aberrante y pesada realidad mundial que una vez notada, siempre estará ahí. Y comienza el deterioro; en el momento en el que dejas de valorarte como individuo ejerces también la antinatura del autodeterioro; quizás tendrás sexo con cualquiera sin protección, o tal vez te drogarás fumando crack o metanfetamina cristal, quizás te enrolarás en un “fight club” o simplemente dejarás de trabajar, no escucharás a tus familiares más, querrás aislarte en un cuarto oscuro y esperar a que algo te suceda… patologías humanas; eso o la primera opción en la cual creo aún que es asimilar la suficiencia de lo sencillo, darte por bienaventurado por seguir vivo, disfrutar cada instante al máximo,  conectarte con la energía universal (como el efecto Shanti) y hacer lo que tengas que hacer pleno y felíz, finalmente es otra opción más allá de lo negro. Tal vez por cobardía de torero he elegido la segunda vertiente hasta hoy; pero siempre surge la autocrítica que si bien carece de sentido a veces provoca que postergue mis “proyectos” es decir, en la medida en que pierdo fé en toda nuestra raza y cúmulo de actividades, es en la medida que trato de alejarme de mis naturales ideas musicales y sensibilidades.

Un adelanto mental

 aheavens

“Mucho peor que un atraso mental, el azote del adelanto mental hace que los niños se anticipen en su cociente de inteligencia y comiencen de una vez a pensar como adultos, lo cual los hace enteramente necios. Un niño atacado de este mal, a los cinco años puede mostrar una edad mental propia de un hombre de cuarenta y cinco -lo que no es decir mucho- y a los nueve una propia de un viejo de noventa, con su correspondiente insistencia en que todo tiempo pasado fué mejor, el vicio de dar consejos, la manía de que lo respeten y otros síntomas de estupidez. En su etapa terminal, las víctimas acaban como políticos o como maestros de juventudes”

Lo anterior, relato vertiginoso del escritor venezolano Luis Britto García, me parece que es lo que me ha pasado a mí; con la horrible vertiente de que al final tal vez acabe como un maestro de juventudes, destino horrible… Curiosamente, este año no ha sido el mejor inicio en cuestiones de salud -ya no sé si tanto mental como física- pero seguro la salud física se ha visto mermada en mi cuerpo pues llevo todo el mes de febrero enfermo de la garganta con una extraña bacteria que ha hecho que esto me dure mucho más de lo previsto.

 Las “eminencias médicas” cuyas mentes a veces están como las armas, cargadas por el diablo, me han dado días de incapacidad y lo atribuyen a un bajón severo de defensas debido al turno nocturno en el que tanto prefiero trabajar, bien es sabido como odio los “ambientes de oficina” llenos de “amiguitos buena onda saludando sin parar” ¡¡jejeje!! El asunto es que, al cumplir ocho meses en el horario nocturno el organismo empieza a resentirlo, eso y mis excesos en los días de descanso y abuso de horas pegado a la computadora, me han puesto en esta fastidiosa situación en la que la garganta duele en serio, los accesos de tos son pesados por las noches, y la depresión solitaria se vuelve un fiel compañero.

En fin, la verdad hasta de escribir aquí he rehuído, pero creo que ya estoy muy dañado en varios aspectos como para seguir evitándolo, cuando uno se deteriora más y más es cuando surgen las mejores ideas, de eso no cabe duda; aquél que lleva una vida acorde al sistema social merma sus capacidades creativas severamente, y al menos en ello, llevo una ventaja; el asunto es para no dar más rodeos, que poco a poco empiezo a fastidiarme de mí mismo cada vez más, he estado a punto de simplemente dejar de hacer lo que supuestamente sé hacer, creo que no pasará mucho para ello, de pronto dejaré de estar en vuestros pensamientos, es una cuestión del tiempo inexistente…

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